En marzo de 2020, las Asambleas de Dios en España estuvieron en el foco de actualidad nacional a causa de la suspensión del Congreso Mundial que se iba a organizar en Madrid en marzo. Fue una de las primeras grandes cancelaciones en España a causa de la pandemia del coronavirus, y una difícil y dolorosa decisión que tuvieron que tomar los organizadores del evento, al frente de ellos Juan Carlos Escobar.

Esta experiencia, sin embargo, no es recordada con rencor, sino como parte del aprendizaje que Dios tenía preparado para un año absolutamente atípico a nivel ministerial. Es por eso que Juan Carlos Escobar, presidente de la Federación de Asambleas de Dios en España, cree que es importante que el liderazgo de la iglesia sea capaz de hacer una lectura correcta de la situación de crisis que atravesamos, para poder así alcanzar los planes y propósitos que Dios tiene preparados para su pueblo.

Pregunta. En febrero del pasado año hablábamos sobre el inminente congreso Unlimited2020, encuentro mundial de las Asambleas de Dios que hubo que suspender. ¿Cómo vivisteis esta situación?

Respuesta. Como a todos, nos tocó asumir una realidad que nadie imaginó, y con consecuencias “ilimitadas”. Pero aunque fue una situación sobrevenida, lejos de la imaginación de cualquiera, cuando se abordan estos acontecimientos con cierta paz, se pueden tomar buenas decisiones. La forma en la que la pandemia nos aborda, lo percibimos en un momento donde tratamos de no dejar que ciertas ambiciones no nos dejaran escuchar la voz de Dios en esas circunstancias. Lo más importante era la seguridad de las personas, y por eso queríamos bendecir a la gente, al pueblo y a la iglesia, y eso implicaba no poner en riesgo a personas ni dañar la credibilidad de la iglesia.

Cuando se nos avisa que desde el Gobierno se estaba tomando la determinación de suspender el evento, íbamos a aquella reunión con la idea de defender el evento y que pudiera salir adelante, tras casi tres años de trabajo. Pero cuando pudimos ver sobre la mesa de trabajo las incidencias que se estaban produciendo y la evolución de la pandemia, entendimos la decisión, partiendo de una situación de obligatoriedad, y nos solidarizamos con la idea de que no debíamos seguir adelante con el evento.

El hecho de contar con el respaldo de la Fraternidad Mundial de Asambleas de Dios, los representantes de Ferede y la junta de Asambleas de Dios, nos ayudó a tomar esa decisión difícil en paz.

P. ¿Se ha podido minimizar el golpe económico?

R. No pudimos controlarlo, porque se produjeron muchos inconvenientes, con representantes de casi 110 países, contratos con Caja Mágica, hoteles, etc. Pero por ejemplo con Caja Mágica hemos resuelto el contrato, de una forma adecuada y sin pérdidas. Con los hoteles todavía estamos batallando. Y con algunas empresas de servicios también hay dificultades. Son decenas de miles de euros que han supuesto un problema. Pero nos estamos encontrando con mucha solidaridad por parte de muchas delegaciones que están dispuestos a ayudar para mitigar el impacto.

P. ¿Cuándo y dónde se celebrará el Congreso Mundial de Asambleas de Dios?

R. El evento se pospone hasta el 2023. El año 21 se entiende que seguirá la pandemia latente, y por eso se decidió entrar en el ciclo natural de los congresos mundiales, que se celebran cada tres años. En este 2021 se realizará una actividad online, un encuentro virtual global, donde se realizará asimismo el anuncio y lanzamiento del Congreso mundial de 2023.

P. ¿Os gustaría que el lugar de celebración fuera España?

“Tenemos la esperanza de que el evento en 2023 sea en Madrid”R. Cuando un país tiene una oportunidad como esta, se convierte el país en el foco global para miles de creyentes, y por tanto en un momento de oportunidad. Creo que la celebración de un evento como este sería de fortalecimiento para la iglesia y los creyentes. Además tras tantos años trabajando para que este evento se llevase a cabo en España, algo hemos aprendido, y nos vemos con la capacidad y el músculo para llevarlo a cabo. Así que tenemos la esperanza latente de que se pueda llevar a cabo en Madrid, lo cual sería histórico, dado que nunca se ha llevado a cabo este evento mundial en un país del ámbito hispano.

P. ¿El covid y la pandemia que estamos atravesando, afecta también a los contenidos del Congreso?

R. No podemos ignorar los efectos de esta pandemia. Creo que esta pandemia trae una lectura importante que debemos saber interpretar por los dirigentes de la iglesia. Necesitamos entender que hay una cosmovisión que debe ser asimilada por quienes dirigimos una obra, nos tiene que llevar a una renovación interna, un replanteamiento de muchos de los estilos de trabajo, además de retomar la misión de la iglesia como el eje, nuestra razón de ser y existir. La pandemia nos hace replantearnos lo que hemos hecho hasta ahora. Si Dios es soberano y ha permitido esta crisis, no es solamente para vivir la crisis, sino que esto conlleva una lectura. Hay una riqueza extraordinaria que estamos descubriendo y el futuro del siglo XXI está en nuestras manos, si sabemos interpretar lo que esta pandemia ha significado a todos los efectos. Así que el evento debe ser trascendental. Juntar gente no tiene sentido, sino que el encuentro debe ser con la Palabra de Dios, con su presencia, para que sea un nutriente fundamental para la iglesia.

P. ¿Cómo está influyendo ya esta situación de covid-19 en la actividad de las iglesias?

R. La pandemia nos ha llevado a la esencia. Se ha hablado mucho de lo “esencial”. Los líderes hemos podido comprobar que lo esencial es la comunicación de la Palabra de Dios. Si la Palabra de Dios seguía llegando a la gente, esta podía seguir siendo alimentada con la fe. El cuidado a la gente se ha hecho posible gracias a una nueva “Pax romana”, a través de Zoom. Este es un medio virtual, pero es lo único virtual: la presencia de Dios, el amor, la unidad, no es virtual, sigue latente y vigente. Hemos sentido la presencia de Dios en estas conexiones.

“Dios no se casa con organizaciones, sino con el organismo”Hemos visto a personas que se han entregado a Jesús, sanidades, personas que han vuelto a la fe. La esencia ha sido redescubierta y otras cuestiones que nos parecían tan importantes, no lo eran. Nos ha ayudado a ver qué cosas son las esenciales, porque la pandemia nos ha quitado muchas cosas, por lo que nos quedamos con lo único que podíamos hacer: predicar, orar, buscar a Dios en lo personal, y ante el confinamiento o con limitaciones, nos hemos redescubierto. Entender que para ser iglesia no hace falta ir a la iglesia. La iglesia somos las personas, un cuerpo que trasciende las cuatro paredes de un templo. Este es un redescubrimiento que si sabemos rentabilizarlo, no tendremos límites.

Quien no aprenda de esto, se quedará estancado. Dios no se casa con organizaciones ni bendice a organizaciones, sino al organismo, a las personas. En eso tenemos que afianzarnos. El cuerpo es más importante que el traje, el vino es más importante que el odre. Tenemos que estar dispuestos a cambiar formas, y privilegiar la esencia de lo que somos, de forma que la estructura no condicione este crecimiento.

P. ¿Hay algo más que quieras comentarnos?

R. Al margen del Congreso, hay una palabra que Dios me ha dado para este año: “Esperanza hay para tu porvenir”. Si nosotros ponemos la esperanza en superar la crisis puntual, nos vamos a frustrar, porque vendrán otras crisis. La pregunta es, ¿a qué cuerda nos estamos aferrando? Si ponemos nuestra confianza en personas o en cosas, la esperanza será frustrante, porque eso es algo efímero y temporal. Pero si en el otro cabo está Dios, cada etapa de la vida será superada porque hay una expectativa que supera lo que ahora podamos sufrir. Incluso si se pierde la vida, en el otro cabo de la cuerda está el Dios que nos ama y sustenta. Este es mi sentir para este nuevo año.

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